¿Cómo saber cuándo te guía, de verdad, el corazón?

Saber si nuestras acciones y decisiones son “de corazón” no es tarea sencilla. Cuando decimos que lo hemos “hecho de corazón” o “me dejé llevar” “Me salió así” o tal vez “…es que yo soy así. No puedo evitarlo” creemos que es realmente una energía amorosa la que nos impulsa

Entre el corazón y la cabeza existe un paso estrecho: el cuello que tiene que ver con el tragar. Hay cosas que se nos atragantan o las tragamos sin pensar y las pasamos directamente a las tripas. Es frecuente confundir tripas y corazón. Puede que la frase “Hacer de tripas, corazón” tenga que ver con esta confusión.

Muchas decisiones y acciones comienzan “tragando” y una vez tragado se puede hacer difícil la digestión de lo que estamos viviendo o sintiendo y desde lo visceral nos sale lo que nos sale. En las tripas están parte de nuestros miedos, la propia idea de sobrevivir y la localización física de lo vulnerable. El corazón está protegido tras los huesos de las costillas, pero los órganos inferiores son nuestra vulnerabilidad. Lo más expuesto. Desde esta idea inconsciente de vulnerabilidad(que a algunas personas les cuesta mucho reconocer) lo que responde es este miedo y le llamamos corazón.

Decimos que es corazón, pero no; son tripas, instinto, cuerpo…Puedes distinguir esto porque a menudo lo justificamos diciendo: “Es que me salió así”, “No lo pensé” incluso ; “Yo es que soy así, no lo puedo evitar”o lo he fastidiado y estropeado todo” En ningún lugar pone como tiene que hacerse. Las variables ante una u otra situación son infinitas…y por supuesto las respuestas pueden ser más o menos acertadas. No es esta la cuestión. No hay un manual donde ponga cómo vivir. La cuestión es el auto-engaño. El no darse cuenta. El no tomar consciencia de lo que es. Llamar a lo que nos pasa, de otra manera. Camuflarlo, hinchar o deshinchar. Mirar para otro sitio. Y poner el corazón donde están las tripas.

¿cómo distinguir, entonces?

Una clave que puede ayudarte es formular auto-preguntas:

(Te servirá hacer esto con un asunto que estés viviendo en este momento. Algo actual. Lo más concreto que puedas)

¿Qué me supone esto que me sucede?

¿Qué estoy haciendo yo para mantener esta situación?

¿Para qué voy a hacer esto? ( existe el riesgo de buscar razones y contestar desde “Lo hago porque…”) La pregunta “para qué” cuesta un poco más de responder y alude a tu verdadera motivación. Te ayudará a ver que detrás de tus respuestas se esconden miedos, inseguridades, manipulaciones o resentimientos. No es agradable de ver pero es la manera de saber que la película no es tal y como me la quiero contar.

Una vez destripado (Llevado de las tripas a la cabeza) ¡Es casi una operación quirúrgica! puedes seguir un poco más para darte cuenta de que cuando las respuestas vienen desde lo visceral siempre irán acompañadas de justificaciones. Culpas hacia ti o hacia otros, hacia el mundo, hacia dios. El corazón no necesita buscar ni razones ni justificaciones, es una respuesta natural.

Las tripas son instintivas, espontáneas se confunden a menudo con el corazón. Y claro que te cuentas que lo has hecho de corazón, porque así te salió. Pero el corazón no es impulsivo. Todo menos eso. Es algo suave y delicado que deja un rastro de contento en ti cada vez que actuá. Todas las personas han experimentado momentos así alguna vez. No es algo ajeno ni está lejos. En el momento que decides “destripar” alguno de tus conflictos, tarde o temprano lo podrás ver claramente. La energía para actuar en la vida que proviene del corazón jamás irá en tu contra, tampoco en contra de nadie. Busca siempre la colaboración, la cooperación y la ganancia de todas las partes implicadas. Tiene que ver con el amor a ti más profundo, ese amor que es capaz de aceptarte en tus peores momentos. Es el mismo amor que te hace buscar otras respuestas, indagar y sanar la relación que tienes contigo. El amor propio se cultiva día a día con calma y paciencia. No cambia la culpa de lado. Ve la inocencia y ve la inconsciencia. Abre ventanas para que entre la luz y puedas mirarte sin temor o tal vez con temor pero queriéndote mirar por encima de todo.

Om shanti!

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